Qué mide el IMC y qué no
El índice de masa corporal divide tu peso en kilos entre tu altura en metros al cuadrado. Es una fórmula del siglo XIX, ideada por el estadístico Adolphe Quetelet para describir poblaciones, no para diagnosticar personas. Ese origen explica a la vez su utilidad y sus límites.
Como indicador poblacional funciona muy bien: permite comparar países, seguir tendencias en el tiempo y detectar problemas de salud pública con solo dos datos fáciles de recoger. Como diagnóstico individual es una aproximación tosca, porque solo conoce dos números y no sabe nada de lo que hay dentro de ellos.
Lo que el IMC no distingue: músculo de grasa, grasa visceral de grasa subcutánea, hueso denso de hueso frágil, ni un cuerpo de 25 años de uno de 75.
Las categorías de la OMS
- Menos de 18,5: bajo peso.
- 18,5 – 24,9: peso normal.
- 25 – 29,9: sobrepeso.
- 30 – 34,9: obesidad grado I.
- 35 – 39,9: obesidad grado II.
- 40 o más: obesidad grado III.
Estos cortes son convenios estadísticos, no fronteras biológicas. Nada cambia en tu cuerpo al pasar de 24,9 a 25,0. La diferencia real entre esos dos valores en una persona de 1,75 m es de unos 300 gramos: menos de lo que varía tu peso entre la mañana y la noche del mismo día.
Cuándo el IMC se equivoca
Hay perfiles concretos en los que el número induce a error de forma sistemática:
- Personas muy musculadas. El músculo pesa más que la grasa por volumen. Un deportista de fuerza puede salir en «obesidad» con un porcentaje de grasa bajo.
- Personas mayores. Con la edad se pierde masa muscular y ósea y se gana grasa. Un IMC normal puede esconder una composición corporal preocupante, la llamada obesidad sarcopénica.
- Estaturas extremas. El denominador al cuadrado penaliza a las personas altas y favorece a las bajas; la fórmula no escala de forma perfectamente proporcional.
- Embarazo y lactancia. El IMC no es interpretable en estos periodos.
- Niños y adolescentes. Se usan percentiles por edad y sexo, no las categorías de adultos.
La medida que aporta más que el IMC
Si vas a quedarte con un solo dato adicional, que sea el perímetro de cintura. Mide dónde se acumula la grasa, y ese «dónde» predice el riesgo cardiovascular y metabólico mejor que el peso total.
La grasa visceral, la que rodea los órganos abdominales, es metabólicamente activa y se asocia con resistencia a la insulina, hipertensión y alteración de los lípidos. La grasa subcutánea de caderas y muslos tiene un perfil de riesgo muy distinto.
Se mide con una cinta métrica a la altura del ombligo, de pie, al final de una espiración normal y sin apretar. Los umbrales de riesgo aumentado que suelen manejarse son 88 cm en mujeres y 102 cm en hombres, con cifras algo menores como primer aviso.
El índice cintura-altura es todavía más sencillo: divide tu cintura entre tu altura en las mismas unidades. Mantenerlo por debajo de 0,5 —que la cintura mida menos de la mitad de tu estatura— es una regla aplicable a casi cualquier persona adulta.
Qué hacer con tu resultado
Si tu IMC sale dentro del rango normal, no significa automáticamente que estés sano. La composición corporal, la tensión arterial, el perfil lipídico, la glucemia y tu condición física importan más que este número.
Si sale por encima, tampoco significa que tengas un problema: significa que merece la pena mirar el resto de indicadores en lugar de quedarse en la etiqueta. La misma cifra puede corresponder a un cuerpo entrenado y a uno sedentario.
Y una perspectiva que ayuda más que la categoría: la evidencia es consistente en que pérdidas moderadas de peso —en torno al 5 % o 10 %— ya producen mejoras clínicas medibles en tensión, glucosa y lípidos, aunque el IMC siga en la misma casilla. La mejora de salud no espera a cambiar de categoría.
Preguntas frecuentes
¿El IMC es distinto para hombres y mujeres?
La fórmula y los cortes de la OMS son los mismos. Pero la composición corporal media difiere: a igual IMC, las mujeres tienen típicamente mayor porcentaje de grasa y los hombres más masa muscular.
¿Existe un «peso ideal»?
No hay un único número correcto. Las fórmulas clásicas de peso ideal dan un rango orientativo, pero la horquilla saludable para una misma altura es amplia y depende de constitución, edad y masa muscular.
¿Cada cuánto tiene sentido medirse?
Con una vez al mes, en las mismas condiciones, sobra. El peso diario fluctúa uno o dos kilos por hidratación, sal, ciclo hormonal y tránsito intestinal; medirse a diario mide ruido, no progreso.
¿Sirve para deportistas?
Poco. En personas con mucha masa muscular conviene sustituirlo por medidas de composición corporal —pliegues cutáneos, bioimpedancia, perímetros— interpretadas por un profesional.
Este cálculo es orientativo y no constituye un diagnóstico. Solo un profesional sanitario puede valorar tu estado de salud teniendo en cuenta tu historia clínica completa.