Qué estás ahorrando de verdad
Un descuento tiene dos lecturas que conviene mirar por separado: el precio final que vas a pagar y el ahorro absoluto en euros. Un 40 % suena mucho más que un 15 %, pero un 40 % sobre 20 € son 8 € y un 15 % sobre 900 € son 135 €.
El porcentaje es una medida relativa y por eso resulta tan eficaz en marketing: los descuentos grandes se anuncian en porcentaje cuando el producto es barato, y en euros cuando es caro. «Ahorra 300 €» en un electrodoméstico de 2.000 € es un 15 % presentado de la forma más atractiva posible.
La operación es simple: precio final = precio × (1 − descuento/100). Un abrigo de 129 € con un 30 % queda en 90,30 €, y el ahorro son 38,70 €.
Descuentos encadenados: la letra pequeña del «adicional»
«30 % + 20 % adicional en la segunda unidad» no es un 50 %. Los descuentos sucesivos se aplican uno sobre el resultado del anterior, así que se multiplican.
Sobre 100 €: el primer 30 % deja 70 €, y el 20 % siguiente se calcula sobre esos 70 €, no sobre los 100 iniciales. El precio final es 56 € y el descuento real, del 44 %. Los 6 € de diferencia respecto al 50 % que uno espera son precisamente lo que hace atractiva esa forma de anunciarlo.
Para encadenar cualquier número de descuentos, multiplica los factores que quedan: un 30 %, un 20 % y un 10 % sucesivos son 0,70 × 0,80 × 0,90 = 0,504, es decir, pagas algo más de la mitad y el descuento real es del 49,6 %.
El descuento sobre un precio inflado
El precio de referencia importa tanto como el porcentaje. Si un producto sube de 80 € a 120 € tres semanas antes de las rebajas y luego se anuncia con un 30 % de descuento, el precio final es 84 €: cuatro euros más caro que antes de la subida, anunciado como una rebaja del 30 %.
La normativa española de precios exige que el precio de referencia anunciado sea el más bajo aplicado en los treinta días anteriores. Es una defensa real, pero conviene comprobarlo: los históricos de precio de terceros permiten verificar si el «antes» existió alguna vez.
Cuándo un descuento no es un ahorro
Un descuento solo ahorra dinero si ibas a comprar el producto de todas formas. En cualquier otro caso, gastar 60 € rebajados desde 100 € no te ha ahorrado 40 €: te ha costado 60 €.
Tres señales de que el descuento está decidiendo por ti:
- El umbral de envío gratis. Añadir un producto de 15 € que no necesitas para ahorrar 4 € de portes es perder 11 €.
- El «2×1» sobre algo perecedero que no vas a consumir a tiempo. El segundo no es gratis si acaba en la basura.
- El descuento por volumen en algo que usas poco. El precio unitario baja y el gasto total sube.
Comparar bien: el precio por unidad
La herramienta más útil frente a las ofertas confusas es reducirlo todo a precio por unidad, por kilo o por litro. Un pack de 6 a 7,20 € y uno de 4 a 5,20 € parecen difíciles de comparar hasta que ves que salen a 1,20 € y 1,30 € la unidad.
En España, la normativa de etiquetado obliga a mostrar el precio por unidad de medida en el lineal, precisamente porque es el único dato que permite comparar de un vistazo. Suele estar en letra pequeña junto al precio grande, y es el número que de verdad importa.
El IVA y el orden de las operaciones
Cuando un precio va sin IVA, el orden en que aplicas descuento e impuesto no altera el resultado, porque ambas son multiplicaciones: 100 € con un 20 % de descuento y luego un 21 % de IVA dan 96,80 €, exactamente lo mismo que aplicar primero el IVA y después el descuento.
Lo que sí cambia es la base imponible de la factura, que debe reflejar el importe ya descontado. En una factura correcta, el descuento aparece antes del IVA, y el impuesto se calcula sobre la cantidad efectivamente cobrada.
Preguntas frecuentes
¿Cómo calculo el precio original si solo sé el final?
Divide el precio pagado entre el factor restante. Si pagaste 90,30 € con un 30 % de descuento, el original era 90,30 ÷ 0,70 = 129 €.
¿Un 50 % de descuento y un «2×1» son lo mismo?
Solo si te llevas los dos artículos y ambos te sirven. Con el 2×1 pagas el 50 % por unidad, pero gastas el doble en total y te llevas dos. Con el 50 %, gastas la mitad y te llevas uno.
¿Puedo combinar un cupón con una rebaja?
Depende de las condiciones del comercio. Cuando se permite, el cupón se suele aplicar sobre el precio ya rebajado, con lo que su efecto real es menor de lo que indica su porcentaje.
¿El descuento se aplica antes o después de los gastos de envío?
Habitualmente antes, sobre el importe de los productos. Por eso un descuento porcentual grande puede dejar los portes como una parte considerable del total final.